Este curso 26/27, en el Club de Lectura del instituto donde trabajo vamos a comenzar leyendo a uno de los cuentistas más importantes de la literatura universal: Julio Cortázar. Teníamos ganas de adentrarnos en el mundo del realismo mágico, el surrealismo, la narrativa sorpresiva, y qué mejor ejemplo que este autor argentino -nacido en Bruselas-, que se autoexilió en París, y que con sus obras como Rayuela, Final del juego, La vuelta al día en ochenta mundos o 62/Modelo para armar, revolucionó el mundo de la literatura y las técnicas narrativas. Si por algo es conocido es por sus cuentos, y en esta antología encontramos ocho relatos, entre los mejores del autor (me atrevo a afirmar) como: Casa tomada, La noche boca arriba, No se culpe a nadie o Continuidad de los parques.
Además, esta edición viene precedida de un estudio sobre el autor y su obra, escrito por Luis G Martín, que aporta información muy relevante sobre los cuentos que aquí nos ocupan, y sobre la estructura, la narrativa, los personajes en la obra de Cortázar, y me he animado a extraer algunos extractos que nos ayudan a entender mejor sus relatos. Un libro que voy a recomendar en 1º de Bachillerato, en la materia de Literatura Universal, pero que creo que pueden ser leídos por estudiantes de 3º o 4º de ESO sin problema, aunque imprescindible acompañarlos de un análisis y reflexión posterior. Ahí van algunas de las anotaciones:
Más que de temas o asuntos, en los cuentos de Cortázar cabe hablar de circunstancias, que, sean cuales aquéllos, los modifican y problematizan. Las historias parten casi siempre de anécdotas vulgares y anodinas -unos hermanos que viven en una casa, un hombre que se dispone a terminar de leer una novela, otro que trata de ponerse un pulóver o jersey, un grupo de automovilistas que regresan a París... -, pero la irrupción de un elemento fantástico las transforma en singulares y misteriosas revelaciones.
"Simplemente para mí lo fantástico es la indicación súbita de que, al margen de las leyes aristotélicas y de nuestra mente razonante, existen mecanismos perfectamente válidos, vigentes, que nuestro cerebro lógico no capta pero que en algunos momentos irrumpen y se hacen sentir".
El motivo de "el doble", que da un original modo aparece en La noche boca arriba, es también frecuente en los cuentos de Cortázar. Cada persona vive dos vidas, tiene un doble en alguna parte, y el encuentro de ambos, de uno con su doble, se convierte en motor de la paradoja o de la reflexión sobre el problema de la identidad personal y todos los que de él derivan. El motivo de "el doble", como bien se imagina, es óptimo para le tratamiento literario de todas las especulaciones acerca del destino humano. En No se culpe a nadie el protagonista, que está intentando sin éxito ponerse un jersey, pierde el dominio sobre una de sus propias manos y es víctima al final de sus agresiones. El problema de la identidad vuelve a aparecer.
El propio Cortázar explica su concepto de cuento:
"Mi concepto de cuento es muy severo: alguna vez lo he comparado con una esfera; es algo que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos"
En todos los cuentos de esta antología podemos observar que una circunstancia exterior interviene en el curso de la vida de los personajes alterándola dramáticamente. Con las particularidades de cada relato, los elementos que lo configuran son siempre semejantes: presentación del estado previo, intromisión del elemento extraño -generalmente fantástico-, lucha del personaje para volver al estado primitivo o para adaptarse al nuevo, y desenlace final. Se trata, como se ve, de la estructura arquetípica del cuento tradicional.
La economía expresiva que Cortázar confiesa haber aprendido sobre todo en la lectura de Jorge Luis Borges, es un instrumento fundamental y necesario para lograr el correcto funcionamiento de esta estructura esférica. Nada de lo que se cuente debe ser innecesario para lograr el correcto funcionamiento de esta estructura esférica. Nada de lo que se cuente debe ser innecesario para el desarrollo del relato. Así, se verá que los personajes, los ambientes y las propias peripecias están dibujados con trazo grueso. No se acude nunca al detalle, salvo cuando éste tiene una funcionalidad en la historia, y se prescinde de pinturas psicológicas, ornamentación y ramificaciones. Respecto al final, Cortázar utiliza o el final sorpresa, o el final en suspensión. En el primer caso, se cierra con una revelación de algo que había permanecido oculto o con un descubrimiento que altera el desarrollo lógico de la actuación. Es el caso de Continuidad de los parques, La puerta condenada o La noche boca arriba, en los que Cortázar, que ha conducido las historias por un determinado camino, utiliza un golpe de efecto final para invertirlas. En el segundo caso -Casa tomada, La autopista... y Segunda vez- el relato es interrumpido antes de que concluya o sin dar toda la información que se precisa para comprenderlo. Aunque son todos finales abiertos; la historia queda incompleta y es el lector quien debe resolverla.
El punto narrativo es de gran importancia. Cortázar narra habitualmente desde la perspectiva del personaje, ya utilice la primera o la tercera personas. Es decir, el lector conoce, piensa y espera lo mismo que el protagonista del relato. En La puerta condenada, por ejemplo, se nos hace partícipes de los razonamientos de Petrone y de las conclusiones a las que llega, de modo que en ningún momento presentimos la sorpresa final.
La yuxtaposición de elementos ligeros e intrascendentes -detalles de cotidianidad, diálogos costumbristas, etc.- junto a los trascendentes ayuda también a la verosimilitud del relato y cumple, por consiguiente la misma función. Se expresa lo grave en broma y fuera del contexto en el que el lector lo espera. El uso irónico de un lenguaje afectivo o connotado, próximo al personaje pero ajeno al autor y al lector, responde, por último, a fines iguales. Justo a continuación del ejemplo leemos: "y la señora anciana suspiró un asentimiento de muchos años y guardó el frasquito justo cuando se abría la puerta del fondo y la otra señora salía con ese aire que todos le envidiaron".
Los personajes de los cuentos de esta antología, casi en la mayoría de los cuentos, queda innominado Incluso en la Autopista del Sur, en la que aparecen más de una docena de personajes, y el cuento ocupa 25 páginas, no se les da a ninguno de ellos nombre. Únicamente uno es llamado por la marca de su coche: Taunus. Los personajes de los cuentos de Cortázar son seres sin voluntad, pasivos. Caen víctimas de fuerzas inexorables, exteriores o interiores, que ordenan su vida: unos hombres enigmáticos que van tomando su casa, un pulóver y una mano que se rebelan, un accidente de moto... Resignados, se dejan conducir sin resistencia, o con una resistencia que desde el principio se sabe que es estéril. Además, están caracterizados como héroes vencidos, individuos infelices o dueños de una felicidad convencional y frágil, que viene a romperse cuando la situación alrededor de la que gira el cuento les ilumina o les destruye. Sus rasgos les dota de cierta ternura y les concede -por su debilidad y su impotencia- las simpatías del lector.
Cortázar escribe en su español, en el español de Hispanoamérica. Él, como el resto de autores del llamado Boom Hispanoamericano (Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, Juan Rulfo o García Márquez, entre otros) reivindica la idiosincrasia de sus pueblos. Pero más allá de estas consideraciones, el uso de americanismos busca la verosimilitud, sobre todo en los diálogos o en la reproducción de los pensamientos de los personajes. Incluye todos los anglicismos y galicismos que se emplean en la lengua cotidiana: living, pullover, shock, entre otros.






