viernes, 5 de junio de 2026

CALABOBOS de Luis Mario

Supongo que conocéis el término "calabobos", se utiliza mucho en Cantabria, Asturias (y en el norte de León) para referirse a la lluvia fina que va cayendo lentamente y que parece que no moja, pero con la que te acabas calando hasta los huesos. En esta historia, narrada por el joven escritor cántabro Luis Mario, la lluvia no cesa de caer, y todos los personajes se caracterizan por estar mojados continuamente, por observar las gotas de agua que impregnan las ropas de los demás, pero no ver ni sentir las suyas propias.

La historia, como el propio autor confiesa, se trata de una leyenda fantástica que se contrapone con la realidad más abismal y visceral de nuestro entorno, ambas cosas, realidad y mito, se entrechocan como los toros de la portada de la novela (del pintor francés Brascassat). Todo gira en torno a la búsqueda de Mariuca, la hermana pequeña del protagonista, una niña que "nació de muchas maneras, y en ninguna acertó", a la que le encanta caminar entre las rocas cuchicheando, la que tiene barbas como mejillones, la que camina con sus puños cerrados, "la que nació d'un mejillón"  y de sus cosas. 

El protagonista, una voz anónima, a través de esta búsqueda nos irá presentando a distintos personajes que no nos dejarán indiferentes; como a Nanda La Chona, a la que criaron con leche de burra,  al tío Terio -al que también le gustaba mucho el mar, y era como un cangrejo, moviéndose entre las rocas, pero que no estaba hecho para vivir en el norte, porque los hombres como él no eran bien vistos, o como Miliuco, a quien se le había perdido un amor, y le esperaba sentado frente al banco de su casa. También impregnan todas las páginas de la novela personalidades arrasadoras, como la mujer Pez, y su vínculo con la naturaleza. Los personajes representan lo más visceral y bruto del paisaje cántabro, juegan con elementos mitológicos, de leyenda, y con la presencia del Mar Cantábrico, que pasa a conformar un personaje más. El habla cántabro (o al menos, el léxico propio de la zona de Suances), como el: cagonsos, cagondios, agüelo, estaqueao, los sufijos acabados en "ico", el uso del artículo y el posesivo "la mi pobre", o el uso del condicional en lugar del imperfecto de subjuntivo: "años después de que mi tío Terio moriría" caracterizan toda la novela; te trasladan a los valles pasiegos y te invitan a ver ese color tan verde que duele.

Me costó leerla, en un principio, por su profunda oralidad , por la cantidad de exabruptos que aparecen en los diálogos, y por algunos términos como "estaqueao", "chon" o "galerna", que me hacían parar y sacar el móvil para buscar su significado. Me recordaba, en un principio, a La familia de Pascual Duarte, de Cela, por su tremendismo y su crueldad, y por otro a las nuevas narrativas canarias, y en concreto a Panza de Burro de Andrea Abreu. Creo que esta nueva forma de escribir, tan cercana a la oralidad, está llenando de frescura, cercanía y materialidad las novelas contemporáneas, haciendo una reivindicación de las hablas locales, y plasmándolas en la narrativa para darles su espacio. Ya era hora de dejar de avergonzarnos por los localismos, por los coloquialismos y los vulgarismos, y permitirles ocupar un espacio en la Literatura, con mayúsculas. 

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