lunes, 4 de mayo de 2026

LA TIRANÍA DE LAS MOSCAS de Elaine Vilar Madruga

 En la última Feria de Editores Emergentes, celebrada en León en el mes de abril, compré la novela La tiranía de las moscas, fascinada con la portada (de colores cálidos, en la que se ve la figura de un hombre agarrando de los brazos a una jovencita que mira asustada al lector) y guiada por la recomendación de Cristina Morales, ya que se trata de un formato de publicación en la que un/a autor recomienda una obra.


Sin embargo... no me ha gustado la lectura de la obra, busco preguntas que no ha logrado satisfacerme la novela de la cubana Elaine Vilar Madruga.

Cuenta la historia de una familia que vive en un país bajo un régimen dictatorial (no se hace referencia a uno en particular, pero lo que sí deja claro es que el Abuelo Bigotes, un general, utiliza el despotismo para gobernar el país, y arrastra muchas muertes bajo su presidencia). Casandra, Caleb y Calia son los tres nietos de este general, que conviven en una casa con un ambiente tóxico y asfixiante, junto a una madre psicoanalista, que no quiere a sus hijos, y lo único por lo que muestra interés es por sus zapatos de tacón color rojo, y junto a un gobernante que quisiera llegar al grado de su padre, pero precisamente el no poder ejercer este poder lo hace más autoritario y castrador con su propia familia. Precisamente, en este ambiente tan tenso -que está bien descrito, a través de la presencia del vuelo de las moscas en las estancias de la casa, moscas que se posan en el bigote del abuelo, pero también en el cuerpo de la madre, y sobre los cadáveres de los animales que guarda Caleb en el sótano de la casa- se han criado las tres criaturas. Casandra es fetichista, siente un amor sexual hacia los objetos, y en concreto, hacia los puentes de hierro y metal. Caleb, como ya hemos mencionado, disfruta descuartizando animales, y su mayor deseo es acabar una especie de puzle que ha ido creando a partir de piezas de animales que va uniendo en el sótano de la casa. Por último, Calia es una niña que no habla, solo dibuja y dibuja, en concreto mariposas, y desea que algún día estas salgan volando y se lleven a sus padres por delante.

Su padre es tartamudo, lo que crea una situación más esperpéntica y cómica, ya que convierte el nombre de sus hijos en Cacasandra, Cacaleb y Cacalia, es decir, nombre coprofílicos. Los tres herederos sienten odio y repulsa hacia sus padres, y a lo largo de toda la novela se leen diálogos tensos entre ellos, cargados de desprecio, ya que estos quieren acabar con sus progenitores.

No sé cuál era la intención de la autora al escribir esta novela, a mí me creaba desasosiego, y a la vez bastante incomprensión, ya que no entendía si pretendía hacer una crítica social al comportamiento humano, a los regímenes dictatoriales, a un tipo de persona autoritaria y extremadamente estricta, que suele conllevar a que la gente de su entorno conviva con traumas y comportamientos extravagantes. En cualquier caso, me ha creado desazón, sin ver claramente cuál es el objetivo de esta lectura. Quizá no hay que buscarle un objetivo a la lectura, y simplemente dejarse llevar por los sentidos.

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