Acabo de degustar, saborear, paladear, una de las mejores novelas que he leído nunca. Comerás flores me ha gustado desde su portada (esa muchacha que posa lánguida, atravesada por el tallo de una flor que parece una amapola, aunque de color amarillo) hasta la cita de Dorothi Allison: "Hay dos o tres cosas que tengo claras, y una de ellas es que puedes odiar y a la vez amar algo que no sabes si entiendes", o las introducciones de cada una de las partes en que se divide el libro, en las que la protagonista, Marina, aclara qué es lo que tiene en su vida: partiendo de un padre "muerto", al que no quiere llamar "muerto", sino que prefiere denominar con otros eufemismos.
La novela está escrita con una sensibilidad y una prosa poética que te atrapa desde las primeras páginas. Al comienzo, Marina explica que acaba de fallecer su padre, y nos cuenta que, aunque la vida sigue discurriendo, su personaje se ve atrapado en una especie de inercia vital, pero que se siente vacía por dentro. Y todo esto lo cuenta con una serie de anécdotas cotidianas, nos habla de su perra Frida, de su amiga Diana, de su madre, y todo lo hace desde una cercanía cálida, con un relato del detalle (contándonos, por ejemplo, el ruido que hacían las zapatillas de su padre arrastrándose por el pasillo, y que todavía a día de hoy escucha) que logran que el lector se sienta parte de esa Marina.
Pronto conocerá a Jaime, un hombre apuesto, elegante, con sus brazos llenos de tatuajes, pero veinte años mayor que ella, pero con el que siente un flechazo amoroso, un amor que no le cabe en el pecho, y que le llena sus días y sus noches, un amor atropellado, impaciente, pleno. Pero este amor hará que poco a poco Marina vaya dejando al margen todo aquello que llenaba su vida tiempo atrás, como son las juergas con sus amigos, y con Diana, las visitas familiares, e incluso su dieta vegana. Toda la vida de Marina parece querer incrustarse, encajar, en la "la casa más bonita que ha visto nunca", el piso de Jaime; en sus platos elaborados son todo el detalle, en sus manteles de tela y en las decoraciones en las que todos los detalles cuentan; y es que Jaime se dedica a crear ambientes, es "compositor de atmósferas".Según vas leyendo, te vas sintiendo más pegada a la piel de marina. Entiendes cómo respira, sientes el olor del salón de Jaime, te impregnas con las texturas de la colcha en la que duerme, y también padeces esa asfixia, esta angustia que acompaña a Marina, ese terror a decir algo que pueda enfadar a Jaime, y que le haga coger el coche, bajar la temperatura al mínimo y pisar el acelerador para mantener a Marina callada y sumisa. Todas esas sensaciones están explicadas con una enorme sensibilidad, con una sinestesia continuada, con unas metáforas fantásticas: "Jaime me acariciaba y me acariciaban un puñado de arañas, Jaime me besaba y se me llenaba la boca de ramas de canela", por ejemplo.
Una novela escrita con gran maestría, que trata el tema del maltrato, el duelo y la amistad planteando miles de cuestiones, indagando en el comportamiento humano, y permitiéndote perdonarte por tus propios comportamientos y errores. En resumen: una novela preciosa, necesaria para tratar el tema del amor tóxico y para conocer mejor al enemigo que acecha, atrapa y asfixia.

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